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Breve historia del puzzle

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Los puzzles 1900

Alrededor de 1900 nacieron los puzzles artísticos para adultos. Aquellos puzzles en madera cortados a mano se convirtieron rápidamente en uno de los  entretenimientos favoritos de la alta sociedad.

Era costumbre deslumbrar a las visitas con estos originales y elegantes pasatiempos que por su singular belleza y exclusividad pasaron a formar parte de la herencia y tradición familiar.

Aquellos puzzles cortados a mano tenían un estilo peculiar llamado “push-fit”, empujar-colocar, por la manera en que debían ser montados: al seguir el corte los contornos de la imagen y las áreas de color, las piezas, desprovistas de pomos, no se ensamblaban entre sí, como en los puzzles comerciales de hoy en día, sino que se acoplaban unas a otras de la forma más sutil.  Así, los montadores, debían tener sumo cuidado ya que un movimiento repentino o hasta un estornudo podían echar por tierra el paciente trabajo de toda una tarde.

Retrato de una Dama (British Jigshaw Puzzle Library)

Los puzzles artísticos para adultos, a diferencia de los infantiles, no incluían una imagen que sirviera de guía al montador que debía contentarse con la sugerente referencia del título antes de sentarse a resolver el enigma tras el cual el artesano cortador había  escondido el cuadro.

Este era uno de sus alicientes y atractivos fundamentales: ir desvelando poco a poco, construyendo paso a paso, la obra de arte oculta, una obra de arte a la que, una vez resuelto el puzzle le habremos prestado una intensa atención que nos hará conocer hasta sus más recónditos detalles.

Los puzzles 1900, “push-fit”, constituían un verdadero reto y se convirtieron en un absorbente pasatiempo.

En la actualidad siguen siendo los más apreciados por aquellos para los que la elegancia, la dificultad  y la delicadeza son el  aliciente fundamental que prolonga el placer de reconstruir y descubrir la imagen oculta.

En la primera década del siglo XX un famoso fabricante de juguetes estadounidense decidió dedicar toda su producción a los puzzles artesanales de madera e introdujo unas variaciones muy bien acogidas por el público: las piezas figurativas y los pomos.

Puzzle de 1916 de un retrato del príncipe Wilhelm de la corona prusiana con uniforme de campo de los húsares (1882-1951) del pintor de leipzig E. Fröhlich.

Los pomos permitían que las piezas se ensamblasen entre sí haciendo que el puzzle no se desmontase fácilmente, y ofreciendo la posibilidad de que las piezas adoptasen nuevas formas.

Las piezas figurativas, siluetas de animales, personas u objetos reconocibles, generaron gran fascinación y sorpresa entre los aficionados; no sólo ponían de relieve la destreza e imaginación del cortador, sino que además, añadían misterio y exclusividad a un juego que ya se había elevado a la categoría de obra de arte.

La experimentación y creación de nuevas formas de corte artístico a lo largo del siglo XX, no cesaron y los mejores artesanos introdujeron novedades como los bordes irregulares, falsas esquinas, y distintas maneras de retar aún más a los aficionados.

Sin embargo, aunque unos pocos artesanos han desarrollado y mantenido viva la tradición del puzzle adulto de madera cortado a mano, éste es un pasatiempo que guarda en sí todo el sabor de otros tiempos.